OPINIÓN PORTADA

La batalla por el PRI

Por Rita Balderas[1]

Los partidos políticos son, antes que nada, “maquinarias electorales”. En la comunidad científica es así como se les conoce, o bien, “electoral machine” o simplemente como “estructura electoral”. A esta estructura se le puede considerar como una moneda de dos caras, el lado externo es el vínculo que tiene con su entorno, la participación que tiene en los gobiernos a escala nacional y local, así como con el Poder Legislativo. La cara interna es posible ubicarla en las estructuras, reglas y dinámicas que hacen los militantes, la forma en cómo operan con las organizaciones adherentes, cuál es el mecanismo para postular candidatos, de qué forma se reparte el poder al interior de la organización, quién toma las decisiones por y para qué.

Una de las características principales de la “electoral machine” es su capacidad de adaptación y de ello depende su éxito electoral. Hasta la mitad del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto, el partido con la maquinaria más fuerte era el PRI y fue precisamente ese elemento el que les permitió regresar a Los Pinos en 2012. Lo que sucedió entre 2015 y 2018 con este partido, es un tema muy sobado. Lo que cabe preguntarse ahora, es qué sigue para un partido que continúa vivo contra todo pronóstico.

El pasado 17 de julio, el PRI celebró su primer debate de los dos programados con miras a elegir a su nuevo líder nacional. El ejercicio, cuyo método fue interesante e incluyente, permitió ver la fractura interna y la falta de un candidato capaz de encabezar una transformación real, profunda y con rumbo claro. Quizá, la más cercana a esto sea la ex gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco, quien puso el dedo sobre la herida más profunda del partido: el tema de la militancia. Sin embargo, a Ivonne se le han documentado escándalos de corrupción de cuando estuvo al frente de la gubernatura de su estado natal, por lo que, a pesar de que ella detectó el problema principal del partido, no es la preferida ni la más fuerte y su historial tampoco contribuiría a modificar la imagen que arrastra el PRI.

Si el próximo 11 de agosto, los números favorecen a Ivonne Ortega, además de esgrimir la mala fama, deberá pasar del discurso reivindicador de las bases, a clarificar con objetivos precisos el rumbo del partido para los próximos años. Una propuesta podría ser la elaboración de un plan rector que guíe la asamblea nacional que propone, porque llegar sin nada y empezar de cero, no sólo generará un caos de ideas, sino que requiere de mucho más tiempo del que el PRI dispone para enfrentar su siguiente batalla electoral. Entre las prioridades que se planteen en este proyecto debe estar presente la conciliación entre las diferentes posturas al interior del partido, eso que los políticos llaman “operación cicatriz”. Además, debe precisar a qué se refiere cuando señala que uno de los principales objetivos es “recuperar el territorio”, porque ese tema no se cubre únicamente con hacer giras y trabajo de gestión social.

Es importante que Ivonne Ortega tenga claro que, en el PRI, hay militantes que han operado a favor de otras fuerzas políticas con la intención de sobrevivir en un escenario adverso o simplemente porque les convino más y, para ello, no necesitaron abandonar el partido y reafiliarse a otro, es decir, lo hicieron desde adentro, en silencio y varios de esos personajes siguen ahí. ¿Qué hará en esos casos? ¿Cómo los va a identificar? Se trata de reestructurar una maquinaria electoral vieja y enmohecida fortaleciendo el voto duro que permanece y captando nuevos militantes comprometidos e identificados con el partido, y ahí, el desafío es posicionarse con claridad ideológica. Nada fácil, pero no imposible para un político de su estatura.

La otra candidata a dirigir el PRI es Lorena Piñón Rivera de origen veracruzano y quien, según medios locales, no ha ganado una sola elección, ni en su colonia. En el debate se presentó como la candidata joven, la cara nueva que viene desde abajo y, sobre todo, la única alejada totalmente de la cúpula del partido. Sin embargo, omitió decir algunas cosas sobre su trayectoria política, una de ellas es que colaboró entre 2010 y 2013 en el Instituto Veracruzano de la Juventud, entonces a cargo de Merilda Elisa Rodríguez Aguirre, mujer muy cercana al ex gobernador Javier Duarte de Ochoa, actualmente preso y uno de los íconos de la corrupción de este país.

Lorena Piñón también colaboró en el Comité Estatal del PRI Veracruz entre 2013 y 2017 como secretaria adjunta de la presidencia, cargo que ocupó durante un tiempo, Alfredo Ferrari Saavedra, ex colaborador de Javier Duarte y acusado por el desvío de 470 millones de pesos ligados a empresas fantasmas durante el tiempo que estuvo al frente de la Sedesol de aquel estado. Para cerrar con broche de oro, Lorena Piñón fue designada directora de área en la Dirección General de Delegaciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores, entonces a cargo de Martha Beatriz Martínez Mendoza, una mujer leal a María Fernanda Casanueva de Diego, mano derecha de Luis Videgaray Caso en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Piñón Rivera ha sido señalada de actuar como alfil de Alejandro Moreno para hacer contención a Ivonne Ortega, a quien atacó durante todo el debate. Sin propuestas concretas, Lorena sólo evidenció dos cosas: primero, que Dulce María Sauri, una figura importante para la política de este país, forma parte del segmento de los adultos mayores, y segundo que no puede responder a una pregunta sin mirar sus tarjetas puesto que le gana la risa o tartamudea. Al PRI le hacen falta caras nuevas y mejor si son jóvenes, pero con experiencia e ideas genuinas e innovadoras.

El tercer contendiente para dirigir el PRI es Alejandro Moreno Cárdenas, ex gobernador de Campeche, mejor conocido como “Alito” Moreno, quien pretende proyectar la imagen de un político diferente a los que estamos acostumbrados a ver en el PRI, a los “dinos” como la propia Lorena Piñón les llamó. Sin embargo, este candidato carga una pesada losa de acusaciones de corrupción y enriquecimiento inexplicable que al parecer se sintetizan en la mansión que posee y que el periódico Reforma recientemente le documentó. Dicha propiedad está ubicada en la capital del estado y tiene un valor de más de 46 millones de pesos que, además, fue construida en un tiempo record de 2 años. Ante la solicitud de la candidata Ivonne Ortega sobre recibir a la prensa en sus domicilios personales, el candidato prefirió guardar silencio. El que calla otorga. De ganar la elección, “Alito” Moreno no podrá deshacerse fácilmente de la imagen del político corrupto que tiene hundido al PRI.

Sin embargo, Alejandro Moreno, tiene aliados muy poderosos que podrían llevarlo a la victoria por la dirigencia del PRI, uno de ellos parece ser ni más ni menos que el presidente Andrés Manuel López Obrador quien, a pesar de llamarlo “maleante” y “reverendo ladrón” durante la campaña por la gubernatura de Campeche en 2015, el pasado 5 de junio del año en curso, en una reunión en Palacio Nacional, le mostró su apoyo total para dirigir al partido tricolor e incluso, le propuso irse con él al gabinete y cambiarse a Morena. Por si fuera poco, el presidente López Obrador les dijo a los 12 gobernadores del PRI ahí reunidos, que el vínculo entre el gobierno federal y los estatales para la obtención de recursos públicos sería “Alito” Moreno.

Y aunque recientemente Alejandro Moreno se sacó la dominguera de que “Morena es ave de paso, nació ayer, gobierna hoy y se irá mañana” y de que durante el debate prometió encabezar una oposición firme y combativa, todo indica que, si gana la dirigencia de su partido, el PRI jugará el papel de comparsa del gobierno federal y es claro que le “entregará” el PRI en bandeja de plata a López Obrador, por cierto, un ex priista.

Sin embargo, Moreno Cárdenas debe tener claro que sólo cuenta con el apoyo real de 7 de los 12 gobernadores priistas y que la cargada a su favor causó la baja de José Narro Robles, quien tenía nada menos que 46 años de militancia. Con Narro se fueron varios y los que se quedan seguramente no operarán a favor del político campechano.

Los muchos PRIs que convergen al interior están enfrentando una batalla decisiva para su futuro, ojalá que más allá de politiquerías, demuestren que han aprendido la lección. La falta de unidad, los llevó a la derrota en las elecciones presidenciales del 2000 y 2006. Está confirmado que la estrategia de cerrar filas fue efectiva y contundente, demostraron que sólo era cuestión de activar los engranes, aceitar y echar a andar la “maquinaria electoral” y con ello fue suficiente para regresar al poder en el 2012. La cuestión está en el aire: ¿Qué sigue para el PRI? Hasta aquí lo dejo.

[1] Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM-Cuajimalpa. Email: rita.balderas@hotmail.com

CMCOAX
Periodista desde 1979
http://www.globatium.com.mx

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