CULTURA ESTADO

Oaxaca estoica ante los cambios dañinos, que se la devoran diariamente.

Por: Ezequiel Gómez Leyva.

La Verde Antequera, llamada así por sus edificios de cantera verde, que potenciaba su colorido después de las tardes de lluvias, poco a poco va perdiendo su color dando paso a edificios nuevos, casi lúgubres, de cemento gris o ladrillos, aunque encima de estos acabados se le maquille con colores «coloniales» como el amarillo, azul o rojo ladrillo.

Las casas coloniales antiguas van cayendo poco a poco, una a una, como guerreros doblegados en una lucha desigual ante un gigante de acero que se propone a toda costa conquistar suelo oaxaqueño.

Las fuentes emblemáticas que circundaban el centro histórico y  que sirvieron como refugio a enamorados empedernidos, ahora están llenas de basura, escombros y hormigas sin dejar de lado que muchas fuentes se han vuelto domicilio de los desvalidos o indigentes que en las noches más frías encuentran refugio detrás de sus grandes bloques de piedra, que como ellos se niegan a abandonar este mundo.

Las grandes pilas donde hace más de un siglo abrevaban las bestias de carga de los arrieros que pasaban por esta población, han desparecido, como la fuente donde llegaba el agua traída de San Felipe del Agua a través del acueducto que pasaba por Xochimilco, también ese acueducto ha perdido parte de su estructura, en muchos tramos ha perdido su originalidad medrada por los vecinos que aprovechan la historia para su beneficio y construyen casas o cuartos sobre los vestigios coloniales para poder sacar mayor provecho de los visitantes, sobre todo extranjeros que sienten una pasión extraña por vivir sobre la historia.

El Oaxaca colonial se ha ido perdiendo, solo quedan algunos trazos y retazos de lo que antaño fué, de la emblemática ciudad solo queda el nombre, y eso en los archivos porque en el trajinar cotidiano ha perdido no solo el nombre, también su originalidad.
Es cierto que la vida se tiene que modernizar, que los tiempos cambian, que todo se transforma pero en la mayoría de los casos es la autoridad quien pretende acabar con esta verde Antequera.

Cada día la ciudad amanece con nuevos puestos ambulantes, nuevos negocios que «remodelan» las casas viejas, con la anuencia de la autoridad municipal que se dice ha cambiado de principios, aunque sólo sea de color el cambio.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia,  hace la vista gorda ante la caída de estas edificaciones con historia y solo autoriza remodelaciones de acuerdo a los lineamientos de una ciudad patrimonio mundial, que es el título que se le otorgó a Oaxaca, aunque en realidad los tramites son demasiado engorrosos y burocráticos además de costosos, que solo las grandes empresas pueden pagar “por debajo del agua” para remodelaciones.

Sin embargo esta ciudad sigue estoica ante los cambios que la destruyen día a día, del aumento del ambulantaje hasta las partes más íntimas del palacio de gobierno, del aumento de nuevos negocios de empresas trasnacionales que ven en esta ciudad un cofre de oro el cual hay que explotar.

Nadie ha caído en la cuenta que esta gallina de huevos de oro se va a morir algún día y que es entonces cuando van a buscar reviviría, pero al igual que el cambio climático, también será demasiado tarde.

CMCOAX
Periodista desde 1979
http://www.globatium.com.mx

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