OPINIÓN

¿Venezuelización de la salud en México?

Por Rita Balderas[1]

Durante los últimos meses, un tema que ha causado indignación en medios y redes sociales es el desabasto de medicamentos. El gobierno federal a través de distintos voceros, ha señalado, reiteradamente, que no hay desabasto sino un boicot para dañar la imagen de su administración.

Sin embargo, también circulan muchas historias sobre niños con cáncer y otras enfermedades, que han tenido que abandonar el país para continuar con sus tratamientos y también aquellas que narran los casos de padres de familia que permanecen en la incertidumbre por la carencia de costosas medicinas.

El caso más sonado es el de Ana Lucía, una niña que junto con su padre, tuvo que abandonar México para ir a Zurich, Suiza y continuar con su tratamiento contra la leucemia aguda que padece. Luego de vender todas sus pertenencias y endeudarse, los padres de Ana Lucía comentaron a distintos medios de comunicación que el medicamento L-Asparaginasa que se les proporcionó en el Hospital 20 de Noviembre le causó a la menor un shock anafiláctico (una fortísima alergia) por su mala calidad.

El caso de Ana Lucía pese a todo es excepcional, pues consiguió recursos que le dan una esperanza de vida. No todos la tienen. Desde mediados de 2019, padres de familia y cercanos a enfermos que necesitan medicamentos para continuar con su tratamiento se han manifestado públicamente en distintas zonas de la capital del país. Nada se ha logrado. Pareciera que nadie escucha ni entiende la angustia que están atravesando.

El pasado 31 de enero, Irma Eréndira Sandoval, Secretaria de la Función Pública señaló que existen por lo menos 12 carpetas de investigación contra funcionarios de alto nivel por el desabasto de medicinas en el país. El gobierno federal ha decidido adquirir medicamentos extranjeros porque no quiere ceder a las presiones de 5 grupos que han monopolizado, dice, la venta de medicamentos para enfermedades como cáncer, VIH y otros padecimientos. El argumento principal ha sido que no se va a ceder a los chantajes de corruptos, pero ¿realmente los hay? ¿Combatir los monopolios y la corrupción debe hacerse, incluso, a costa de vidas, especialmente de infantes?

Algo muy parecido sucede en Venezuela desde 2013. En aquel país del cono sur, comenzó una crisis en el sistema de salud, inicialmente, por el desabasto de medicamentos y con el tiempo se ha ido agudizando hasta volverse un problema grave, no sólo de medicinas sino de materiales de laboratorio, curaciones, aparatos, etcétera.

El gobierno de Nicolás Maduro, que llegó a la presidencia en abril de 2013, recortó importantes recursos a las instituciones de salud argumentando casos de corrupción y desvío de recursos, y cuando la ciudadanía decidió tomar acciones de protesta, utilizó un discurso de boicot y de conspiración de parte de las compañías farmacéuticas, quizá con el objetivo de victimizarse.

Maduro, ha sancionado a médicos que han renunciado a los hospitales porque dicen estar trabajando en condiciones parecidas a las de una guerra. La policía ha interrogado funcionarios de hospitales amedrentándolos para que no difundan información sobre el desabasto de medicamentos. Dada esta situación, miles de médicos migraron de Venezuela, por lo que el gobierno de Nicolás Maduro decidió formar sus propios doctores, afines a la nueva “estrategia” de salud.

Según datos de la Federación Farmacéutica de Venezuela, ocho de cada diez medicamentos no están disponibles, a eso se suma que el costo se ha elevado entre mil y tres mil por ciento. De las 56 plantas farmacéuticas que existían en Venezuela sólo quedan 15, por lo que, desde 2018, Nicolás Maduro entregó el abasto de medicamentos a la milicia quienes hacen compras en el extranjero a precios muy elevados. Algunas personas recurren al mercado negro de medicamentos en donde los precios son mucho más altos, pero los fármacos están caducos. Para 2020, cerca de 300 mil personas podrían perder la vida por la falta de medicamentos.

México debe aprender y capitalizar las experiencias de otros países. Estamos a tiempo de redirigir esfuerzos para resolver problemas, y de abandonar discursos que sólo traen olor a muerte, como en Venezuela, un caso que se le parece mucho. Que cada quien saque sus conclusiones.

[1] Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades por la UAM-C. Docente en UNAM, México.

 

CMCOAX
Periodista desde 1979
http://www.globatium.com.mx

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