OPINIÓN

Es un error histórico votar por López Obrador.

Por

SIN COINCIDENCIAS

Por qué no

JUAN GABRIEL VALENCIA

30.06.2018

Aducir que la explicación causal, que no la justificación racional, del resultado electoral de mañana se debe en lo fundamental al enojo de la minoría más grande, enojo en sus múltiples variantes, es afirmar la irrelevancia del análisis político y sociológico del México del siglo XXI y remitirlo, en su lugar, al trabajo de un grupo de siquiatras. Los hay quienes se dan por bien servidos con esa explicación, con esa, reforzada por el diagnóstico del liderazgo respecto de la situación del país en términos de “la tragedia nacional” y “la mafia del poder”. Desde el privilegio de una actual condición de libertad y de una actitud liberal, este espacio todavía se puede dar el lujo de deslindarse de esos.

Desde el terreno de esa libertad de hoy es un error histórico votar por López Obrador. Un personaje intelectual y emocionalmente primario, megalomaniaco y narcisista; un círculo íntimo homenaje a la sordidez de un nepotismo de pueblo, un grupo cercano, no tan íntimo e influyente, integrado por una fauna variopinta de políticos de todo signo, por biografía, en el lindero de lo delincuencial, si no es que de plano delincuentes impunes, y actores fallidos de las élites bonitas del México que se acaba, fallidos, en su inmensa mayoría, por decisión de esas élites y no por un acto de conciencia y autocrítica personal. Marginales por fracasados, no por responsabilidad.

No se puede votar por López Obrador cuando tras de 18 años de ser figura nacional es imposible saber de manera inequívoca qué piensa de los temas fundamentales del gobierno y de la sociedad. Se trata de una imposibilidad derivada no de la capacidad cognoscitiva de la opinión pública, sino de la ineptitud del sujeto para entender fenómenos básicos de la interacción social y para entenderse a sí mismo en ese contexto, más allá de una adolescencia traumática y criminal y del rencor propio y natural de un personaje desclasado del trópico en el marco de una nación emergente, ilustrada y libre.

No se puede votar por López Obrador cuando habla de “tabasqueñizar” al país. Es consistente con lo poco que aprendió en la vida: la violencia de la miseria diaria de la vida política tabasqueña encarnada en sus dos ejemplos de vida personal, dos hampones, como lo fueron Tomás Garrido Canabal y Carlos Madrazo.

No se puede gobernar a México en una perspectiva favorable si se reivindican en 2018 los reflejos intelectuales de una revolución muerta y lumpenizada que apuesta a un capitalismo nacional de fieles a ciegas, a un modelo educativo relativizado hasta el absurdo por los usos y costumbres, a un sistema de justicia en el que la prudencia ancestral prevalece por encima de la ley a modo de pactar con criminales, y mientras más criminales sean, más sólido y duradero el pacto. No se puede apostar por la destrucción de la administración pública federal dispersa en 25 entidades. No se puede estar de acuerdo con un sentido igualitario que confunde la igualdad de acceso con la igualdad de resultados. Bienvenidos al México de la igualación por lo bajo y del sentimiento ancestral de despojo, así sea sin el menor merecimiento. No, así no se puede votar por López Obrador.

valencia.juangabriel@gmail.com 

CMCOAX
Periodista desde 1979
http://www.globatium.com.mx

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